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Cuentos para sentir
Autor del comentario:
ALFONSO DE LA VEGA
DIA 24/4/2003
EL OTRO DÍA Juan Carlos Martínez nos hablaba de un grave problema de la sociedad presente: el de disponer de buenas herramientas para la educación de los jóvenes más allá de las delicias del demoledor homo videns , prisionero del mando a distancia. La cosa no es nueva. Ya Gustavo Le Bon hace un siglo profetizaba que «el problema vital del porvenir de los pueblos de civilización refinada, es el de sobreponer a su cultura intelectual una educación rigurosa del carácter y especialmente de su voluntad»¿ La decadencia de los pueblos va asociada al exceso de lujo que procuran las riquezas, las nuevas necesidades y el egoísmo se desarrollan. «Entonces los ciudadanos abandonan la gestión de los negocios públicos al Estado y pierden rápidamente las cualidades que habían constituido su grandeza». Uno de estos instrumentos dirigidos a la educación del mundo emocional es el libro, del que he tomado prestado el título de esta garita, que acaba de publicar Begoña Ibarrola, psícologa y pedadagoga bilbaína, residente como tantos otros intelectuales vascos de ahora en Madrid, ya conocida por muchos alumnos gallegos. El libro, que recoge la sugestiva tradición oriental del apólogo como fuente de enseñanza vivida, es una colección de 46 cuentos agrupados por emociones que sirven como entrenamiento de sentimientos fundamentales tales como la alegría, la tristeza, el enfado, el miedo, el orgullo, la envidia y los celos, la confianza en uno mismo, la vergüenza o la culpa. Los cuentos son interactivos, de modo que el joven lector dispone de su espacio en blanco para cambiarlos si ese fuera su deseo, y al final de cada uno se plantean interrogantes que hacen pensar sobre lo leído. Se trata, pues, de un hermoso instrumento educativo dirigido a formar los homo sapiens del mañana, antes de que la proliferación excesiva de homo videns termine con lo queda de cultura.